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Bueno, el mundo no se acabó el 21 de mayo de 2011 como algunos habían predicho. Ahora hay una nueva fecha para el fin del mundo en el mes de octubre de este mismo año… (como que no aprendemos la lección).

Cuando escucho estas cosas, pienso en la manía que tenemos los seres humanos de ponerle “deadlines” a Dios… fechas de vencimiento… fechas de expiración. Aunque muchos se burlan de los pseudoprofetas, videntes y “calculadores” de la fecha del fin, la realidad es que en nuestra vida cotidiada, NOSOTROS también le ponemos fecha de expiración a Dios. Quizás no lo anunciamos con bombos y platillos por internet (como las fallidas “profecías” pasadas), ni colocamos “billboards” o anuncios en periódicos, pero muchas veces (aunque nos dé trabajo aceptarlo) nosotros hacemos lo mismo. Nos gusta decirle a Dios lo que tiene que hacer. No solo eso, queremos decirle a Dios lo que tiene que hacer, cómo lo tiene que hacer, cuándo debe hacerlo y bajo qué circunstancias. ¿Cuántas veces te has encontrado haciendo negociaciones con Dios y poniédole condiciones? ¿Cuántas veces te has encontrado orando de la siguiente manera?: “Señor, si me sacas de ésta, te prometo que…”, “Dios mío, tienes que ayudarme con esto ¡AHORA!”, “Jesús, si no me resuelves esta situación para la semana que viene, yo no sé que voy a hacer”.

A veces el dolor y la desesperación nos llevan a tratar de presionar a Dios para que nos auxilie y nos dé paz. Pero la verdadera paz viene de saber que El es Soberano y que, por lo tanto, no tiene que ajustarse a nuestras condiciones (que son humanas, imperfectas y falibles). La paz viene de reconocer que, como El es soberano, somos nosotros los que tenemos que ajustarnos a lo que El determina.

El tiempo de Dios no es el tiempo nuestro. El sabe lo que hace, cómo lo hace, cuándo lo hace y bajo qué circunstancias. Descansa en el conocimiento de saber que estás en las manos de un Dios soberano que te ama y que sabe qué es lo mejor que conviene a tu vida.

Dios no tiene fecha de vencimiento… no tiene fecha de expiración, El ES, desde la eternidad hasta la eternidad. El puede ver lo que tú y yo no vemos; y conoce lo que tú y yo no conocemos.

Espera en el Señor y descansa. El aun sigue sentado en Su trono; El está en control.

Mary Ann Martínez, pastora


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